TEMA 5 Bailar bajo la lluvia
Tema 5
Bailar bajo la lluvia
Tras su período de formación, un participante del equipo de Catholic Voices comentó: «Una de las cosas que aprendimos fue que, si las personas están haciendo preguntas difíciles, particularmente si se acaloran y se enojan un poco, suele deberse a que se preocupan por algo bueno que, para ellos, está siendo amenazado. Si puedes volver al corazón de eso y mostrar lo que la Iglesia católica enseña, es posible transformar la visión de la otra persona, en primer lugar, la visión que tiene de la Iglesia, pero luego, también sobre el tema concreto. De hecho, he tenido con mis jefes y con otras personas conversaciones que nunca hubiera esperado tener».

A principios de septiembre de 2010, dos semanas antes de que Benedicto XVI llegara a Gran Bretaña, la revista católica semanal The Tablet publicó una encuesta de actitudes ante la visita. El 10% de los encuestados se manifestó enérgicamente en contra de la llegada del Papa; aproximadamente una cuarta parte estaba a favor o muy a favor; y la mayoría de los británicos —el 65%— no estaban ni especialmente a favor ni en contra. La «mayoría silenciosa» era indiferente, curiosa o abierta, según cómo se interprete la ausencia de una opinión firme.
El equipo de Catholic Voices, coordinado por Jack Valero y Austen Ivereigh, ya había pasado seis meses entrenando a veinticuatro jóvenes profesionales católicos para presentar la visión de la Iglesia en la televisión y la radio.
La visita del Papa era una ocasión positiva, pero habría momentos mediáticos difíciles. Recientes controversias parecían anunciar una crisis de comunicación ante la llegada de Benedicto XVI. La Iglesia contaría con la atención de los medios pues muchos grupos iban a participar en la conversación social sosteniendo una postura contraria a la religión, en general, y a la Iglesia católica, en particular.
Experiencias anteriores habían mostrado que, cuando el interés de los medios se centra en la Iglesia, cuando los periodistas tocan su puerta llenos de preguntas —incluso capciosas o rebuscadas—, se presenta una gran oportunidad para comunicar. Se obtuvieron, además, otras conclusiones: a La necesidad de entender la cultura de los estudios de televisión. b Los laicos eran las personas adecuadas para esa tarea. c La preparación y el trabajo en equipo eran importantes. d Debía fomentarse una permanente actitud positiva ante los medios, los temas, la audiencia y los otros participantes. e La credibilidad dependía de la propia integridad. f La cuestión no consistía en sobrevivir a la tormenta, sino en bailar bajo la lluvia. g Reconocer que el vocero es parte del mensaje, por su capacidad de escucha y el tono cordial con que se expresa.
A la idea de crear un equipo de voceros para la ocasión se agregó un desafío más ambicioso, a saber, organizar un equipo de católicos corrientes habituados a recibir cuestionamientos sobre su fe por parte de familiares o compañeros de trabajo. Aunque deberían desarrollar sus capacidades comunicativas, podrían conectar de forma natural con la gente de la calle. Entre tanto, se sumó Kathleen Griffin (profesora de Broadcast Media en la Universidad de Brighton, Inglaterra) como responsable del entrenamiento en habilidades de participación en los medios.
Un elemento clave de ese entrenamiento fue lo que se llamó técnica reframing ('reencuadre' o 'reformulación'). En esencia, esta técnica consiste en entender el punto de vista de quien cuestiona a la Iglesia para, a continuación, buscar y encontrar los valores positivos que se esconden tras su crítica. Ese trabajo inicial facilita la reformulación del problema de manera tal que las propias creencias puedan plantearse en sintonía con la sensibilidad del interlocutor.
Finalmente, se comunicó a los medios la existencia del grupo y el hecho de que sostenían tres principios de trabajo con el objetivo de servir a los periodistas y a la audiencia: ser media-friendly, studio-ready y ego-free, es decir, tener actitud positiva con los medios, estar siempre listos para acudir a una entrevista respetando los siempre apurados tiempos del periodismo y estar preparados para aceptar, sin enojarse, una cancelación de último momento.
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