TEMA 7 Diez principios de comunicación ciudadana

 Tema 7

Diez principios de comunicación ciudadana

1 Busca la intención positiva detrás de la crítica

En vez de pensar en los argumentos que vas a tener que rebatir, piensa en los valores o principios éticos cristianos que están detrás de esos argumentos. Después, reflexiona sobre la manera en que, al principio de la discusión, puedes unirte al valor que sostiene el que critica. A partir de ese valor común, podrás ir desvelando otros valores ignorados.

A veces, el valor que se descubre detrás de la crítica puede ser opuesto a la concepción cristiana. Sin embargo, la idea seguirá siendo válida: es importante entender el valor detrás de la crítica —y, si es posible, nombrarlo— y mostrar que hay principios subyacentes en juego y su orden de importancia.

2 Aporta luz y no calor

Como personas de fe, queremos testimoniar —mediante nuestro comportamiento y por la manera de hablar— las verdades que enunciamos: nuestra forma de hablar dice quiénes somos. Si acudes a una discusión para aportar luz en vez de vehemencia, el énfasis será completamente diferente: escucharás con atención la opinión del otro y respetarás su punto de vista mientras defiendes el tuyo. Mantener la calma siempre funciona.

3 Las personas no se acuerdan de lo que dijiste, pero sí de cómo las hiciste sentir

No se trata solo de la lucidez de tus argumentos, sino del efecto que las palabras tengan en los demás. No somos nosotros los que persuadimos; es la verdad. Pregúntate: ¿He ayudado a que los demás entiendan mejor las enseñanzas de la Iglesia? ¿Cómo los he hecho sentir: animados o derrotados? ¿Inspirados o acosados?

4 No cuentes, muestra

Solemos preferir una historia a una charla y prestamos más atención a la experiencia que a los argumentos. Eso no quiere decir que no se deban utilizar argumentos. Pero siempre que puedas compleméntalos con ilustraciones, experiencias personales o situaciones hipotéticas que ayuden a «imaginar» lo que quieres decir.

5 Piensa en triángulos

Tu contribución debe ser concisa, clara y no ignorar a nadie. Pule tus ideas reduciéndolas a tres argumentos principales; suele ser difícil sacarlos todos, así que, si puedes tratar dos de los tres, lo estarás haciendo bien. Imagínatelos como un triángulo; cada idea un punto. Cuando estés hablando, piensa en cómo se relaciona el tema con ese triángulo y después argumenta.

No olvides los vaivenes del diálogo ni tus ideas principales. Tampoco esperes el momento «ideal» para expresarlas; simplemente identifica dónde se encuentra la discusión en relación con los puntos de tu triángulo. Al menos uno de tus tres mensajes clave debería sintonizar con la intención positiva detrás de la crítica

6 Sé positivo

Ser positivo no es solo poner buena cara y ser «simpático». Consiste en conducir la discusión hacia la visión positiva que la Iglesia tiene para las personas y la sociedad. La Iglesia se opone a muchas cosas, pero porque desea proteger, cuidar y mejorar; no es una policía de la moral con cara de huraña; se parece más a la madre Teresa de Calcuta, que se entrega a los olvidados y los débiles.

7 Sé compasivo

Aquellos que creen fervientemente en sus valores pueden sentirse frustrados cuando otros rechazan lo que es tan importante para ellos. Sin embargo, ese sentimiento es esencialmente egocéntrico. Ponte en el lugar del otro. A lo mejor, la persona con la que dialogas ha tenido una mala experiencia relacionada con el tema tratado. Ser compasivo significa poder entender la furia y el dolor y abrir así la puerta a la sanación.

8 Presenta datos concretos, pero evita actuar como un robot

Hay que partir de una buena preparación y tener datos que enmarquen la discusión. No obstante, recuerda que las estadísticas pueden resultar abstractas e inhumanas, o simplemente una tapadera. Recurre a ellas solo cuando realmente lo necesites. Ten en cuenta que los datos dependen de las teorías que los apoyan y raramente sirven para demostrar algo de manera completa.
La crítica a la Iglesia suele estar fundamentada en citas erróneas o falta de comprensión global. Por lo tanto, es importante ir a la fuente y comprobar en qué parte quizás se ha interpretado mal.

9 No se trata de ti

Para una buena comunicación es esencial poner el ego en su lugar. No es que el crítico no te valore o no te respete a ti, sino a lo que tú representas. Las mejores formas de calmar los nervios son formarse bien y el trato personal con Jesús.

10 Vas a dar testimonio, no a ganar

La conversión no es el resultado de una discusión brillante. El verdadero reto se encuentra en la oportunidad de ser testigos: disipar malentendidos, demostrar empatía y compasión, y ofrecer una visión más profunda. El enemigo de ese testimonio es el deseo de «vencer» y «derrotar».




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